Una tarde de verano de hace año y medio, peinándome en el Algarve portugués, me pareció ver en mi estimada zona frontoparietal, una ligera claridad, una menor frondosidad capilar. Alarmado, cogí un buen número de espejos para obtener la mejor perspectiva. Y apareció. La calva estaba allí, en su formato diadema.
Le eché en cara a mi mujer que no me dijera nada, que hubiera sido yo solito el autor del hallazgo. Me cabreé con todo el mundo ese día. No dormí nada esa noche, me peleé con un amigo por teléfono y anduve ido. Me rapé al dos buscando no sé qué estrategia. Nadie me entendía.

La farmacia estaba abierta, y compré el minoxidil Los efectos secundarios eran acojonantes, así que no me atreví a abrirlo. Y de eso hace ya casi dos años. El frasquito del minoxidil está aún en el cajón de mi despacho. Lo miro todas las mañanas, y suspiro. ¿Qué será de mi?
Incluso hice una canción dedicada a este asunto. Y una foto. Subiré un día la canción. Qué coño, la subo ya:
Guardo en el cajón algo que me da Vergüenza
Vergüenza me debería dar Decir todo lo que pienso
Pienso que mi declive ya llegó Y no hay brillo de estrellas
Estrellándome sin parar Contra el paso del tiempo
¡El Paso del Tiempo Y Yo Sucumbiendo!
Todo se derrumba En mi interior
Todo me Supera Ya no uso la Ilusión
Me agarro a un clavo ardiendo Ante cualquier temor
¡Menos mal que aún tengo Minoxidil en el Cajón!
Recuerdo cuando era Inmortal, Joven, Sano e Integro
Integro mi mundo espiritual en coordenadas de Tiempo
Tiempo: ¿por qué has de avanzar en este ocaso incierto?
Incierto es que yo tenga valor en la Batalla Vital
¡El Paso del Tempo, y Yo Sucumbiendo!
Luces y Tinieblas en mi Corazón
Nunca tuve dudas de mi errática condición
Ya no hay consuelo para este Dolor
¡Menos mal que aún tengo Minoxidil en el cajón!
¡El Paso del Tiempo Y Yo Sucumbiendo!